Una casa que tiene alas y en la noche canta | El Blog de La Tabla

16 marzo 2012

Una casa que tiene alas y en la noche canta

"Una casa que tiene alas y en la noche canta"
Y no lo digo yo, lo dijo Edward James (1907-1984), para definir la ciudad misteriosa que levantó en medio de la selva mexicana.



Las Pozas de Xilitla o Casa del Inglés (debe su nombre a las pozas o piscinas naturales del terreno) son el resultado del capricho surrealista de Edward James, aristócrata inglés,  extravagante y acaudalado que, a finales de los años cuarenta del siglo pasado, viajó rumbo a la ciudad de México. 

En Xilitla  -que ha sido declarado ‘Pueblo Mágico’ por la Secretaría de Turismo de México, el pasado mes de diciembre de 2011-  las fértiles montañas y manantiales conformaban para él  un paisaje y ambiente natural idóneos en el que proyectar su visión surrealista del mundo y del arte. 



Edward James, mecenas de Pablo Picasso, Salvador Dalí y  René Magritte, entre otros, era el heredero de una familia aristocrática de Gran Bretaña y  -según me han dicho por ahí-  supuesto hijo del rey Edward VII de Inglaterra.  Dedicó su vida a viajar, disfrutar del arte y crear su propio concepto de la estética.  Llegó a publicar una novela ‘El jardinero que vio a Dios’.


Mientras disfrutaba de sus  vacaciones en la selva mexicana,  adquirió 40 hectáreas de terreno y dedicó más de dos décadas a realizar su particular sueño.  Lo que en principio iba a ser el paraíso donde alojar  exóticas orquídeas,  se vio frustrado por una helada que acabó con todas las plantas. Decidió crear un zoológico con animales salvajes en libertad, para, posteriormente, abandonar ese proyecto y dedicarse a construir todas esas estructuras laberínticas que hoy identifican a este peculiar lugar.



El delirante proyecto fue realizado con la ayuda de Plutarco Gastelum que,  con el tiempo, acabaría convirtiéndose  en su amigo, ayudante y administrador. Fue éste último quien reclutó a un tallador, algunos albañiles nativos y, posteriormente,  al  arquitecto Carmelo Muñoz Camacho, que supervisó la última fase del proyecto.



El complejo parece el vestigio de una civilización antigua. Hay quien ve arquitectura precolombina y algo de orientalismo en su diseño. También se pueden apreciar elementos góticos. Pero, sobre todo, el concepto onírico está latente en todo el lugar.





El jardín, que emerge en el exuberante entorno de la selva de San Luis de Potosí, resulta algo inquietante. No podría decir que sea el jardín de mis sueños. Parece deshabitado y algo lúgubre. Pero tiene ese aire misterioso,  simbólico, que hacen de él un lugar para visitar y comprobar qué sensaciones nos sugiere la presencia de  esos elementos arquitectónicos que nos cumplen su misión, es decir, no han sido concebidos para habitar.




Son escaleras que no llevan a ningún sitio, puertas que aparentan ser de entrada y luego dan la sensación de salida. Arcos invertidos, columnas que no sujetan nada.  En fin, un lugar que nos podría valer para dar rienda suelta a nuestras fantasías y, tal vez,  desde ese punto de vista, cumple las expectativas que cabe esperar de un jardín. Despertar emociones.  Según sus propias palabras “construí un santuario para que fuera habitado por mis ideas y mis quimeras”.  Yo supongo que no le molestaría  que ahora también habiten las ideas o quimeras de quienes lo visitan.








Aquí os dejo enlaces donde podréis encontrar más imágenes que os llevarán a diferentes sueños, aquellos que queráis inventar vosotros.
skyscrapercity.com
Chileangarden
Xilitla
Pueblo Mágico
eyeconart.net
atlasobscura.com



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