Parc de San Vicent: un oasis en Llíria | El Blog de La Tabla

25 junio 2012

Parc de San Vicent: un oasis en Llíria


'Crecerá y escaseará, pero para beber no faltará'



Se puede pasar un domingo de verano, como hacían hoy muchos lugareños,  disfrutando de sus manjares  a la sombra de una frondosa vegetación. Puedes disfrutar refrescándote la vista con la proximidad de su manantial, elemento principal de este paraje natural y caudal principal para regar la huerta de Llíria, desde la época romana.







También puedes pasear serenamente, siempre cobijado por la sombra de pinos, olmos, chopos, eucaliptus, sauces, cipreses, palmeras y  plataneros. Disfrutar fotografiando olivos y algarrobos centenarios, con troncos imposibles de seguir, cuevas en sus entrañas y sabios, como suele ser cuando se cumplen años.








Puedes, incluso, soñar que vuelves  a ser niño, emocionándote y riendo cuando ves los patos navegar  a toda prisa, algunos parece que tuvieran motor fueraborda,  chapoteando en el agua o cloqueando, supongo que por los gritos de los niños que jugaban alrededor.





Pero sobre todo, lo que te permite este frondoso bosque es perderte, sentirte aislado en medio de un gran número de personas que suelen disfrutar de él los días festivos. Y es que es inmenso y tiene tantos lugares para escaparte, que resulta muy fácil encontrar rincones que simulan ser pequeños jardines secretos donde poder soñar por unos instantes.









Este lugar, rico desde el punto de vista botánico, es el Parc Municipal de San Vicent, en Llíria (Valencia), en la carretera que va dirección a Olocau (Sierra Calderona). Situado en torno al manantial ancestral conocido como ‘Font de Sant Vicent’, en este paraje natural  los romanos erigieron un templo dedicado a las ninfas (diosas del agua). En 1410, según la leyenda , tras una larga sequía, San Vicente Ferrer hizo brotar el agua milagrosamente de la fuente seca: “crecerá y escaseará, pero para beber no faltará”. En agradecimiento, le pusieron su nombre a la fuente natural y en el siglo XVIII los cristianos construyeron la ermita en su honor.




Sea lo que sea, lo que es indiscutible es que todo el bosque cobra sentido en torno al agua, brota por todas los rincones, conviertiéndolo en un lugar delicioso,  y es que, ese halo de espiritualidad y serenidad que desprende cuando te adentras en éste oasis, invita a pasar horas y horas en él.







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