Silvestres por el camino

Hay que mirar al suelo, sí. Cuando se pasea por el campo, no podemos estar siempre ensimismados adivinando qué dibujan las nubes. Hay que ir alternando porque, si no, sucede lo de siempre: que dejamos por el camino lo esencial. Esas pequeñas cosas que nos  alegran la vida.