Los jardines de Forde Abbey, un legado histórico en continua evolución




Bulbos que van floreciendo y una primavera que está a punto de estallar, con herbáceas a lo largo del canal. Cuando llegue el verano los colores de las dalias darán frescura. El otoño y el invierno… eso ya llegará.  Desde 1141 hasta nuestros días, la Abadía de Forde y sus jardines son un verdadero ejemplo de historia que se ha conservado con gran respeto, pero sin perder dinamismo y frescura.

Alice y Julian Kennard heredaron un jardín de 12 hectáreas rico en historia, sí, pero están dispuestos a vivir y trabajar rodeados de un estilo informal. Hasta su propio sitio web destila vivacidad. Es una delicia navegar por sus páginas. Las fotos son excelentes y permiten apreciar al detalle todo lo que acontece en ese jardín. Los tulipanes serán un plato fuerte, como todas las primaveras, aunque en las praderas ya están punteando de color a ras de suelo las "Campanillas de Invierno" (Galanthus nivalis) y el azafrán (Crocus).




Forde Abbey • 900 años de historia

Pero vamos a situarnos primero.  Tenemos que trasladarnos hasta Somerset, un condado no metropolitano de origen histórico ubicado en el Suroeste de Inglaterra. Allí nos espera Forde Abbey, antiguo monasterio fundado por los monjes cistercienses hace más de 800 años.

Pasó a ser una casa solariega después de la disolución de los monasterios (proceso formal que tuvo lugar entre 1536 y 1540, por el cual el rey Enrique VIII de Inglaterra confiscó la propiedad de las instituciones de la Iglesia Católica en Inglaterra, y tomó control de ellas como la nueva cabeza de la Iglesia de Inglaterra).




En 1543, la Abadía fue arrendada por la Corona a Richard Pollard. Durante los siguientes 100 años tuvo diferentes propietarios que apenas intervinieron en la propiedad, hasta que en 1649 la abadía fue comprado por Edmund Prideaux, principal responsable de la transformación de Forde Abbey de una residencia monástica a una casa privada. Una propiedad privada que fueron heredando sus sucesores durante el siglo XVIII.

En el siglo XIX se vendió y, de nuevo, se sucedieron diversos propietarios.  Durante ese siglo se fue desarrollando el jardín, de diseño victoriano, con un extenso jardín amurallado al norte y el área de arbustos y matorrales al sur.  Tres generaciones de la familia Roper se encargaron de establecer el jardín de los pantanos, el jardín del parque y la rocalla. Geofrrey Roper llegó a plantar más de 350.000 árboles en la finca a lo largo de su vida.

Esa evolución del jardín no cesa. Los últimos herederos, Alice Roper y su marido Julian Kennard, ocuparon la casa en 2009 y lejos de ignorar el jardín están dinamizándolo.



Un jardín es un capítulo que está constantemente siendo escrito

La lenta evolución de los jardines en esos nueve siglos de historia ha dejado alineaciones de topiaria y fronteras de herbáceas llenas de color. Un arboreto, un jardín de pantano, lagos, un jardín amurallado y un huerto. Un diseño de jardín que incluye aspectos formales e informales.  Líneas rectas que dan paso a senderos serpenteantes a medida que te alejas de la casa. Bancos y asientos para detenerse a disfrutar las vistas que ofrece ese recorrido.

Los actuales propietarios confiesan que un jardín nunca es el artículo terminado, sino más bien un capítulo que está constantemente siendo escrito, reescrito y editado, para dar forma al flujo y al estilo de la narración.

Su jardín, dicen, ha evolucionado lentamente durante 900 años para reflejar el estilo de vida y el gusto de cada generación que vive aquí.



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