Jardín naturalista junto al lago Ranco en Chile


Jardín naturalista lago Ranco Futrono Chile Nicolás Sanchez


Voy a los cerros, miro el orden natural de cómo se agrupan y asocian las plantas, anoto, saco fotos, planto algunas para hacer pruebas, voy a los viveros… la verdad es que es mi mundo.


Eso es lo que afirmó en su día el paisajista chileno Nicolás Sánchez en una entrevista. Y es que siempre tuvo claro que lo suyo tenía relación con los paisajes y con la naturaleza, con la apreciación de lo natural como punto de partida. Esa forma de entender el mundo deriva en el modo de asimilar cómo las diferentes especies, colores, texturas, aromas y formas logran que el paisaje sea único. Eso es lo opina y eso me pareció percibir cuando vi por primera vez imágenes del jardín que muestro hoy.

Nicolás Sánchez estudió arquitectura y tras tres años de formación tomó la decisión de cambiarse a la carrera de Ecología y Paisajismo en la Universidad Central de Chile. Paralelamente a sus años de estudio, trabajó en viveros de plantas ornamentales, una experiencia que le permitió conocer un gran número de especies vegetales y su comportamiento.

Jardín Ranco Futrono, Chile,  Nicolás Sánchez

La naturaleza muestra y enseña cómo hacer paisajismo

Tras licenciarse, trabajó durante siete años en el estudio del arquitecto paisajista chileno Juan Grimm, donde colaboró en diversos proyectos en Chile, Argentina, Uruguay y Perú. Ahora, en su propio estudio de paisajismo, tiene en su haber grandes proyectos que un denominador común, la naturaleza se realza y el paisaje nunca se oculta.

Opina que la forma de entender el paisajismo tiene que ver con algo tan antiguo como la misma tierra. La naturaleza nos muestra y enseña cómo hacer paisajismo. Las especies y el paisaje cambian, pero la estructura y la manera de formarse no.

Uno de sus puntos fuertes, la selección de especies, es fruto de su continua experimentación con diferentes plantas, muchas de ellas recogidas en sus visitas a diferentes lugares de Chile, donde busca retratar con su cámara los paisajes que son el apoyo para su trabajo.

Es consciente de la urgente necesidad de utilizar cada vez con más frecuencia la flora nativa en el jardín, y hace uso con frecuencia de los viveros especializados en su cultivo. 
 

Jardín junto al lago Ranco


El jardín que muestro se ejecutó en 2010 y está ubicado en Futrono (en mapudungún Futronhue, que significa “Lugar de Humos”) una de las 4 comunas pertenecientes a la Provincia del Ranco en la Región de Los Ríos al sur de Chile -entre las regiones de La Araucanía y Los Lagos-  una zona caracterizada por sus volcanes, ríos, lagos, paisajes agrícolas y forestales, además del bosque húmedo templado o Selva Valdiviana. Un paraíso.

El jardín se sitúa sobre un terreno de 6 hectáreas en la ribera del lago Ranco (en mapudungun Rew-ko, Agua con oleaje), tercer mayor lago de Chile tras el lago Llanquihue, con una extensión de 442 km².

Desde el primer momento en que se enfrentó a ese terreno comprendió que tenía pocos elementos a los que aferrarse, como punto de partida, para desarrollar su proyecto de paisajismo, puesto que se trataba de una pradera desprovista de vegetación, con un solo árbol en la parte alta del sitio. La zona estaba deforestada porque en su día se usaba para alimentar ganado.





Había que empezar de cero, sí, pero también es cierto que tenía la ventaja que le ofrecía una privilegiada vista muy abierta al lago y a una serie de pequeñas islas.

Para aprovechar ese privilegio, optó por someterse a la grandeza del lago Ranco y crear un diseño que acompaña y permite disfrutar del entorno.  Reforzó el paisaje, logrando una apariencia suelta y natural, gracias a una vegetación que cambia de colorido con cada estación y flores que aparecen en distintos momentos, para lograr puntos de interés a lo largo de las estaciones. Predominan los arbustos de poca altura, que forman grandes macizos, dibujando rincones más o menos íntimos sin romper la continuidad visual del diseño.  Aprovechó todo, sin duda, hasta los troncos que arrastró hasta ese lugar una antigua erupción volcánica, que se situaron cerca del sendero de gravilla por el que se accede a la casa.

Siempre verde y toques de color todo el año

Además de la acidez del suelo, Nicolás Sánchez tuvo que tener en cuenta otros aspectos a la hora de seleccionar las especies, como la cantidad de vertientes subterráneas que existen en Ranco, lo que impide utilizar determinadas plantas porque se pudren.  


Las especies utilizadas son todas adecuadas para suelos ácidos, como los que hay en el sur de Chile. Seleccionó plantas con texturas y follajes de diferentes tonalidades, que incluyen aquellas que se ponen rojizas en el otoño como abelias rastreras (Abelia grandiflora postrata), spireas (Spiraea sp) , Cotoneaster y, por otro lado, especies que florecen en diferentes momentos para garantizar puntos de interés durante todo el año, como rododendros blancos (Rhododendron), choisias (Choisya), loniceras, escalonias (Escallonia), aster celestes (Symphyotrichum), Calle-calle/ Tequel-tequel (Libertia chilensis), salvias, verónicas y helechos costilla de vaca (Blechnum chilense).

Muy cerca del acceso a la casa utilizó Nothofagus antarctica -comúnmente llamado ñire, ñirre o haya antártica- un árbol caducifolio nativo de Chile y Argentina.  En otros puntos específicos del jardín situó otras especies de árboles como canelos (Drimys winteri), arrayanes (Luma apiculata), robles (Nothofagus obliqua), luma (Amomyrtus luma), boldos (Peumus boldus) y coiigües (Nothofagus dombeyi) pocos, para no tapar las vistas.

No todas las plantas que ha utilizado son nativas, sin embargo, el resultado es un jardín que parece que haya estado allí siempre, que pertenece al lugar. Un jardín muy natural. Es lo que quería Nicolás Sánchez y parece que lo logró.