Flores de Plumbago auriculata en un tarro de cristal



Hace varios días, cuando una de las pocas tormentas de verano que nos ha visitado en agosto estaba a punto de llegar, decidí cortar algunas flores del plumbago (Plumbago auriculata) que tienen plantado los vecinos y que todos los veranos asoma también en mi jardín. Antes de que se las lleve el viento y el agua, me las llevo yo a casa, me decía a mí misma para no sentirme muy culpable.


Una disculpa como otra cualquiera y un experimento, al fin y al cabo, porque nunca se me había ocurrido hacer un pequeño bouquet con esas flores y, aunque el resultado final me gustó, tengo que reconocer que no es muy práctico, puesto que solo duraron 3 días. Pero ahí está la muestra. Un delicado tono azul iluminando un pequeño rincón. Nada del otro mundo, cierto, pero ya se sabe, en ocasiones, en la sencillez se encuentra la mayor riqueza.

Y la riqueza del plumbago, en este caso Plumbago auriculata (syn. Plumbago capensis) -comunmente conocido como plumbago azul, jazmín del cielo, azulina, celestina o Plumbago del Cabo, entre otros nombres vernáculos- se encuentra también en el jardín, cuando sus flores azules caen por los muros, bailan con el viento y se encienden con los rayos del sol, alegrando muchos rincones.





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Pertenece a la familia Plumbaginaceae, es originario de Sudáfrica y muy común en los jardines de regiones templadas, en áreas libres de fuertes heladas, donde florece desde la primavera hasta el otoño, incluso puede prolongar la floración hasta el invierno.

Este arbusto perennifolio y trepador presenta un aspecto un tanto desordenado, lo que hace que a veces tengamos que poner orden, con tutores o dirigiendo el crecimiento. Aunque crece mejor en suelos húmedos (y bien drenado) es relativamente tolerante a la sequía una vez que está bien arraigado.

Y una vez finalizado mi experimento, puedo decir que considero que su lugar está cubriendo las vallas de flores azules, o guiándolo para que trepe por pérgolas y cenadores. Aunque, tengo que reconocerlo, la presencia de ese pequeño tarro de cristal con sus flores azules me alegró la vista durante su breve estancia en el salón. Tres brillantes días azules guardados en un pequeño tarro de cristal con flores de jazmín celeste. 







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