Pequeñas macetas con mucha solera (o eso parece)

Foto © The Lost Gardens of Heligan


La palabra pátina se deriva del latín, patĭna ‘plato’ y hace referencia al barniz de que están revestidos los platos antiguos. También se emplea para referirse al tono sentado y suave que da el tiempo a las pinturas al óleo y a otros objetos antiguos. Las macetas de barro y terracota, por ejemplo, son especialmente apreciadas cuando sabemos que su pátina parece querer hablarnos acerca de cuántas plantas las han habitado o qué historias han sucedido a su alrededor.


Está claro que las macetas no solo contienen el sustrato que permite el desarrollo de las raíces de nuestras plantas, sino que, además, su encanto las convierte un elemento decorativo que completa el diseño de nuestro jardín, patio o terraza. Hasta el detalle más insignificante puede marcar la diferencia, incluso cuando se trata de pequeñas macetas de piedra o barro, que colocamos sobre una mesa o un rincón de la terraza o balcón. Para los más impacientes, pero que aprecian la belleza de ese aspecto envejecido que tienen algunos objetos, también podemos utilizar este término por extensión, cuando hablamos del tono semejante a la pátina que obtenemos artificialmente.




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Existen muchas maneras de crear artificialmente ese aspecto envejecido y en Internet no es difícil encontrar infinidad de tutoriales que explican, con más o menos detalle, la forma de conseguir que nuestras macetas adquieran ese aspecto que suelen tener algunos objetos con el paso del tiempo. Son ejemplos que nos llevan a diferentes acabados, todo va en gustos. En algunos casos se habla de emplear el envejecimiento por barro. Hay muchos que lo hacen con huevo y yogur o cal, para que adquieran un tono rústico en tono blanquecino. Hay quien prefiere el betún de Judea, que permite dar macetas y tinajas un aspecto envejecido. También hay métodos un poco más sofisticados, como exponer la maceta a hongos y líquenes para darle un aspecto rústico muy natural. En fin, que seguro que más de uno ya ha probado algún método o tiene intención de hacerlo cualquier día de estos, aprovechando las vacaciones y en una tarde de tormenta de verano, por ejemplo.

Yo prefiero que las macetas crezcan conmigo y, puesto que ya tengo cierta edad (no todo iban a ser inconvenientes) soy lo suficientemente afortunada como para contar con algunas macetas de barro con muy buena pátina. Sin embargo, cuando tengo que comprar alguna nueva, siempre echo de menos la calidez del tono que le otorga el tiempo. 

Hoy he querido buscar algunos modelos y encontré macetas, no demasiado grandes, más bien pequeñas, perfectas para hierbas arómaticas, algún que otro bulbo, alguna que otra planta de interior y suculentas. Todas tienen un aspecto bastante logrado que, al menos en las fotos, hacen pensar en esa pátina propia de quien ha vivido grandes aventuras botánicas y esconde mil secretos. Estas son algunas de ellas. 



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