Flora silvestre mediterránea que da la bienvenida a la primavera

Stipa parviflora


Hoy vamos a dar un paseo por mi “barrio”, en la comarca valenciana del Camp de Túria. Quería invitaros a descubrir conmigo algunas de las plantas que suelo encontrar por el camino en estos días de la recién estrenada primavera. 

Son plantas cuyo hábitat está en prados terofíticos calcícolas y, también, en campos de cultivo, bordes de caminos y lugares alterados. No demasiado bucólico, lo sé,  pero es lo que tengo más a mano y, yo, como las plantas, también me he adaptado y ahora soy capaz de ver este entorno con buenos ojos y mucha admiración, especialmente en lo que se refiere a la resiliencia de la mayoría de las especies que encuentro.



La adaptación de las plantas a estaciones desfavorables

Para ubicarnos y saber por dónde vamos a pasear, es conveniente hablar primero de los prados terofíticos.  Terófito es una categoría del sistema de Raunkiær (categorización de formas biológicas que se basa en las adaptaciones de las plantas a la supervivencia durante la estación desfavorable) y se refiere a plantas de las que sólo perduran las semillas en la época desfavorable.


Lithodora fruticosa

Los terófitos son frecuentes en climas desérticos y en climas mediterráneos, con inviernos templados y veranos secos, durante los que puede ser una ventaja el reposo vegetativo absoluto.  Algo así como el descanso del guerrero.

También son frecuentes en ambientes ruderales (bordes de caminos, escombreras suburbanas, etc.) que son medios poco estables, en el que construir unos aparatos vegetativos duraderos a menudo no es de utilidad. Algo así como “si hay que ir, se va, pero ir pa ná es tontería” (que diría el humorista José Mota).

Por el contrario, en la alta montaña son muy raros los terófitos, ya que sus poblaciones necesitan producir semillas y nuevas plantas cada año para perpetuarse, y es probable que un año especialmente riguroso impida la floración o la germinación de una especie, eliminándola del lugar.


Asphodelus fistulosus


En fin, que ya os he advertido, no es un paseo por el desierto, pero se parece bastante. Yo suelo caminar por un sendero de tierra por el que circulan algunos coches, porque es el acceso que tienen a sus viviendas aisladas. Cada vez que pasa uno, además de jurar en arameo cuando circulan con cierta velocidad, tengo que darme la vuelta y taparme la cara para no comerme el polvo, porque se produce algo parecido a una tormenta del desierto... (entiéndase bien el sentido figurado).

No obstante, creo que tengo suerte, porque puedo salir al campo con solo dar dos pasos, algo que anhelan muchas personas que viven encerradas en medio de la ciudad y apenas tienen tiempo de pasear por el parque más cercano.




Asphodelus fistulosus


Desde esa perspectiva optimista os muestro mis hallazgos botánicos de esta primavera. Poca flor y mucha piedra, pero sí algo de inspiración para el diseño de jardines con criterios sostenibles, para jardines de secano, para los jardines de hoy en día.


Las plantas por el camino

En general, son plantas que ya he mostrado en anteriores ocasiones en el blog. Por estas fechas, mis flores favoritas son las de los gamoncillos (Asphodelus fistulosus). También empiezan a despertar las varas florales de los gamones (Asphodelus cerasiferus), que resultan espectaculares cuando se presentan en masa.  Ya veremos a ver como florecen este año el gamón o vara de San José, porque he localizado algunas zonas que prometen algo de espectáculo.


Asphodelus cerasiferus


Algunas de las gramíneas creando algo de magia en este árido paisaje. Espectaculares, como siempre, las atochas (Stipa tenacissima) y una maravilla ver bailar con el viento la Stipa parviflora y la Stipa capensis.


Stipa capensis

Hordeum murinum

Stipa tenacissima


Y, como dice el refrán, éramos pocos, y parió la abuela. Me refiero a la presencia de los “cabellos” enmarañados de Cuscuta epithymum. Se trata de una hierba parásita de otras plantas. No tiene hojas, ni raíces, ni clorofila (por eso no tiene color verde, no necesita clorofila). Atrapa a la planta hospedante con un revoltijo de filamentos rojizos de 1 mm de diámetro, para extraerle la savia a través de haustorios. Florece entre mayo y octubre, por lo que no he sido capaz de capturar de momento ninguna imagen de las flores blanquecinas, cuyas semillas son minúsculas, pero con una buena capacidad de dispersión.


Cuscuta ephytimum en romero


Una alegría ver las manchas amarillas que ofrecen las flores de diversas especies de euforbias (Euphorbia sp), como un toque de atención, porque hay que ver lo que pueden ofrecer las “malas hierbas”. Interesante la presencia de una eforbia que todavía no ha florecido, la Euphorbia nicaeensis, porque lo hará en mayo y junio (siempre según el calendario astronómico...)


Euphorbia sp

Euphorbia nicaeensis

Euphorbia nicaeensis


La bufalaga (Thymelaea hirsuta) está terminando su periodo de floración, aunque todavía puede verse algún matorral con buena presencia. Es una planta que me gusta mucho y de cuyas cualidades hablé en su día (ver aquí).


Thymelaea hirsuta

Y también, formando una mata arbustiva erguida, de unos 30-50 cm de altura, la Coronilla mínima subsp. lotoides exhibe sus flores amarillas. Por supuesto, no faltan a la cita clásicos como el romero (Rosmarinus sp) y tomillo (Thymus sp), ajedrea (Satureja innota) y alguna que otra salvia y lavandas, como Lavandula dentata que es un placer verla en flor casi todo el año.

Y alguna planta más encontraremos por ese camino árido, un día cualquiera de marzo con ganas de ver más allá de lo que alcanza la vista.

Coronilla mínima subsp. lotoides

Rosmarinus officinalis

Thymus sp

Lavandula dentata


Dorycnium pentaphyllum Scop. subsp. pentaphyllum

Centaurea aspera 


Ballota hirsuta

Hirschfeldia incana 

Convolvulus lanuginosus

Convolvulus lanuginosus

Coris monspeliensis subsp monspeliensis 

Plantago albicans

Plantago lagopus

Salvia verbenaca 

Salvia verbenaca 

Salvia verbenaca 

Salvia verbenaca 


Papaver rhoeas

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