Flores y color con Odilon Redon

Odilon Redon. Wildflowers in a Vase, 1910


Odilon Redon es más conocido como un pintor de visiones imaginarias y oníricas, pero también fue un pintor consumado de bodegones florales. Particularmente en los últimos años de su vida, utilizó las flores cortadas de su jardín en Bièvres, a las afueras de París, para producir grandes cantidades de tales obras.


Odilon Redon (Burdeos, 1840-1916 París) fue un niño delicado y frágil de salud, por lo que sus padres, Bertrand y Marie-Odile, decidieron que se criara en el campo, junto a un anciano tío suyo en la finca Peyrelebade cerca de Listrac, Francia. Vivir lejos de su casa hizo que se convirtiera en un niño soñador y melancólico que aprendió a dibujar antes que a leer y escribir.

Regresó a Burdeos con su familia y a los 15 años comenzó a estudiar dibujo con el acuarelista Stanislas Gorin, lo que le permitió visitar exposiciones de artistas como Millet, Delacroix o Moreau. Era cuestión de tiempo que naciera su pasión por el arte y, desoyendo los consejos de su padre -quería que fuera arquitecto- decidió dedicarse a la pintura.


“El negro es el color más esencial”

Pero, aunque hoy traigo una muestra de su pintura de bodegones florales, no hay que olvidar que los primeros trabajos de Redon fueron dibujos al carboncillo, litografías y grabados.

Comenzó a pintar en una época en la que estaba de moda el Impresionismo. Pero, mientras los impresionistas experimentaban con el color, el utilizaba la técnica del grabado y la litografía, que aprendió del imaginativo artista romántico Rodolphe Bresdin.

Redon consideraba que el negro es el color más esencial y trabajó en blanco y negro durante más de dos décadas, hasta los cuarenta años.

Desde comienzos de la década de 1890, el arte de Redon cambia radicalmente. Abandona la litografía y el carboncillo de sus famosos “noirs” (negros) para dibujar al pastel y pintar cuadros con colores resplandecientes.


Odilon Redon. Woman in a gothic arcade - woman with flowers, 1905

A partir de 1895, su obra deja al descubierto sus dones como colorista. Siendo el mayor protagonista del simbolismo, durante mucho tiempo trabajó por separado, prefiriendo el dibujo, la acuarela o el pastel a la pintura al óleo, demasiado sólida y brillante para él.


El color

Del blanco y negro al color y de la ciudad al campo. A partir de 1909, Odilon Redon y su mujer Camile pasaron los veranos y, posteriormente vivieron, en Villa Juliette en Brièvres, a las afueras de París. Allí Redón, al más puro estilo de los pintores impresionistas, se instalaba en la parte trasera del jardín para pintar los bodegones con flores que su mujer arreglaba en diferentes jarrones.

"En la primavera, después de la muerte de mi tía Juliette Dodu, nos fuimos a vivir a Bièvres en la propiedad que nos había dejado. Allí, levantándose temprano, a mi padre le gustaba comenzar su día sentado en el fondo del jardín, para leer algunas páginas de Pascal, su autor favorito, o Montaigne, Suarès o Remy de Gourmont. Mientras tanto, mi madre estaba preparando su modelo con cuidado y amor: un gran jarrón de flores. Fue allí donde, muy a menudo, como vecino, le sorprendió su gran amigo Gustave Fayet; a veces le contaba una buena historia sureña y el día terminaba con una carcajada." Ari Redon (hijo de Odilon Redon).


Las flores “prodigios de luz”

Redon una vez llamó a las flores 'prodigios de luz'. Sus pinturas de flores, especialmente la serie que comenzó en su última etapa, dejaban ver que “los demonios” de Redon se habían marchado y se iba alejando de la oscuridad de las inquietantes visiones que representaban en sus siniestros dibujos al carbón y sus litografías.


Odilon Redon, Vase des Fleurs


También se dice que su cambio pudo deberse a que, tras haber alcanzado una buena reputación con sus obras en blanco y negro, buscaba expandir el mercado, con el propósito de hacer frente a las deudas pendientes después de la venta de las propiedades de su familia en Peyrelebade, Gironde. En cierto modo, es más de lo mismo, porque no hay peor demonio que el peso de las deudas.

Por otro lado, hay quien argumenta que necesitaba unirse de algún modo a la vanguardia de finales del siglo XIX y aumentar su reconocimiento entre aquellos con los que compartía los intereses postimpresionistas en el simbolismo, especialmente Gaugin y sus admiradores, autodenominados Les Nabis, entre los que se incluían pintores como Bonnard y Vuillard.

Pero lo que me importa hoy es que, en esa transición del blanco y negro al color, nos dejó un gran número de maravillosas pinturas de flores, algunas silvestres y otras de su jardín de Brièvres. Posiblemente, muchas imaginarias, pero todas se representan recogidas en maravillosos jarrones que también merecen nuestra atención. Giulio Caro Argan dice en su libro El Arte Moderno que cuando Redon pinta flores llega a notas de intensidad cromáticas dignas de Renoir. No seré yo quien le discuta eso.


Fleurs dans une coupe bleue 

Vase of Flowers (Pink Background),ca. 1906

Bouquet in a Chinese Vase,ca. 1912–14


Bouquet de fleurs

Large Green Vase with Mixed Flowers 1910-1912

Bouquet of Flowers,ca. 1900–1905 


Still Life with Flowers, 1905

Vase with Poppy, Camomile and Bindweed 1867



PUEDE INTERESARTE

EXPLORA MÁS SOBRE ESTE TEMA