La bordura de herbáceas más larga del mundo en el Castillo de Dirleton, Escocia

Bordura de herbáceas en el Castillo de Dirleton, Escocia | Foto © Baz Richardson en Flickr


Una fortaleza medieval ubicada en el pintoresco pueblo escoces de Dirleton, a unos 32 kilómetros al este de la ciudad de Edimburgo, esconde un magnífico jardín que es el hogar de la bordura de herbáceas más larga del mundo, según certifica Guinness World Records, conocido hasta el año 2000 como El libro Guinness de los récords.


Pero lo cierto es que la doble bordura de herbáceas en Kew Gardens –Great Broad Walk Borders- inaugurada en 2016 le ha quitado ese título, puesto que tiene una longitud de unos 320 metros (ver: Great Broad Walk Borders en Kew Gardens: 20 minutos caminando entre flores). Tal vez, incluso, exista alguna otra frontera de herbáceas que supere en longitud a la del castillo de Dirleton, pero lo cierto es que tenía curiosidad en conocer algo más sobre los jardines de esa magnífica fortaleza-residencia que data del siglo XIII y sirvió a tres familias nobles sucesivas durante 400 años. Tras ser gravemente dañada en el asedio de Cromwell en 1650, la fortuna de Dirleton fue revivida por sus nuevos propietarios en la década de 1660.


Jardines del castillo de Dirleton



El castillo de Dirleton ha estado en desuso desde finales del siglo XVII, cuando su entonces propietario, John Nisbet, Lord Dirleton, decidió construir una nueva casa de campo en el cercano Archerfield Estate. No obstante, la familia Nisbet continuó manteniendo los jardines del castillo –que fueron rediseñados en 1858 por un nuevo jardinero principal, David Thompson– en los años sucesivos, antes de entregar a Dirleton al cuidado del estado en 1923. Las ruinas y los jardines ahora son mantenidos por Historic Environment Scotland.


Castillo de Dirleton | Foto © Baz Richardson en Flickr

Vista aérea del Castillo de Dirleton | Foto © Historic Scotland 


El castillo se alza con vistas a unas 4,5 hectáreas de paisaje diseñado y está en gran parte oculto a la vista, ya que se encuentra rodeado por muros en todos sus lados excepto al este. El recinto amurallado contiene varios monumentos, entre ellos las ruinas del siglo XIII, una casa del siglo XVI construida por los Ruthvens, y algunas ruinas de los siglos XIV y XV que se encuentran más deterioradas.

Una puerta del muro oeste, flanqueada por setos de tejos (Taxus baccata) y arbustos, da acceso al jardín a través de un amplio césped abierto que está bordeado por un sinuoso lecho de plantas herbáceas y arbustos.  

Alrededor del borde exterior de la frontera hay un sendero y, más allá, en los lados norte y sur del césped, hay otras fronteras. Todas las borduras están separadas del sendero por un seto bajo de boj (Buxux sempervirens) y aportan masas de color de numerosas plantas vivaces de flor de primavera y verano, junto con arbustos que proporcionan color e interés más a allá del principal periodo de floración.


 Foto ©  Baz Richardson en Flickr

Foto © Karl Gercens


Lo cierto es que esas fronteras de herbáceas no son rectas, sino que se curvan bastante alrededor del césped de forma triangular, llegando a alcanzar 215 metros de largo. Albergan más de 300 tipos diferentes de plantas entre las que se encuentran iris barbados, peonía, aquilegia, escabiosa, Stachys, Allium, amapolas, geranios, salicaria, solidago, echinops, entre otras especies y variedades.


Castillo de Dirleton. Borduras de herbáceas  | Foto © Stravaiging

Borduras de herbáceas, castillo de Dirleton | Foto © Stravaiging 

 Foto ©  Baz Richardson en Flickr

Solidago | Foto © Stravaiging

Onopordum acanthium (Cardo borriquero, Scottish thistle) | Foto © Stravaiging

Echinops ritro | Foto © Stravaiging

Jardín victoriano, Castillo de Dirleton | Foto © Stravaiging

Castillo de Dirleton | Foto © Baz Richardson en Flickr

Al sureste del castillo hay un pequeño bosque de hoja caduca plantado desde 1900 y a la izquierda de los bordes herbáceos, detrás de un seto de tejo, hay jardines victorianos de estilo más formal, con parterres plantados con pelargonios y begonias, mientras que tejos y coníferas bien recortados añaden altura e interés.

Quienes lo han visitado coinciden en que, salvo por una pequeña torre redonda almenada en la esquina, el muro fronterizo del siglo XIX da pocas pistas sobre lo que hay dentro, un jardín que acompaña a uno de los mejores castillos de escocia, mucho más complejo de lo que parece a primera vista.


Castillo de Dirleton | Foto © Baz Richardson en Flickr




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