Esconderse en el Jardín de Monforte | El Blog de La Tabla

04 septiembre 2012

Esconderse en el Jardín de Monforte

A pesar de ser ya muy conocido, cuando lo visitas siempre tienes la sensación de que has descubierto un jardín secreto. Entre edificios modernos, al  aproximarte a él, se hace más fuerte esa sensación de que algo bueno te va a suceder. Y es así, siempre es así. En la cara te estalla un inmenso jardín que no es el más grande del mundo, pero sí, uno de los más acogedores y bellos que se puedan visitar. Es cálido, hermoso y exuberante a la vez. Es un jardín para esconderse y disfrutar.




El domingo lo visité y tengo que confesar que el vigilante me tuvo que llamar la atención, muy amablemente, para recordarme que el jardín se cerraba. Se podría decir que lo cerramos al mismo tiempo,  mientras yo hacía las últimas fotos a uno de los gatos y a una begonia. Me comentó que ese gato que yo había elegido era el único que se dejaba acariciar. Era tan bonito como el jardín. Salí de allí feliz, con una gran sonrisa,  mientras, el vigilante me decía con simpatía:  'no se ha dejado ni una, ha fotografiado todo' .

Y es que es imposible no hacerlo. Son once mil metros cuadrados de vegetación, rodeados por un muro, que te envuelven en un ambiente intimista del que es dificil salir. Estás como en casa. Pero no es tu casa, es un Jardín Artístico Nacional :   El Jardín de Monforte  Uno de los jardines más bellos de España, un gran tesoro en Valencia.




El otro día había parejas de jóvenes que acentuaban aún más su encanto. Era fácil imaginarlos con trajes de época, porque el ambiente que se respira en estos jardines lo hacen muy fácil. Creo que ellos mismos lo percibían también,  por la manera que tenía de pasear, de mirarse y de charlar,  sentados en los bancos de algunos pequeños rincones. Contemplar eso en pleno siglo XXI es, desde mi punto de vista, una gran logro.

El jardín,  que en su día era un huerto, fue adquirido por el Marqués de San Juan en 1849. En aquella época la burbuja inmobiliaria había enriquecido a muchos aristócratas y la fiebre de las segundas viviendas prendió en ese entorno. Conocido como Huerto de Romero, el propietario creó un hortus conclusus  para los ratos de esparcimiento familiares y en él se diseñó un jardín neoclásico con palacete.




Hoy se puede apreciar el jardín principal  y sus pequeños jardines privados de corte intimista, esos rincones escondidos que eran reservados únicamente a los propietarios y a amigos especiales de la familia, y -dicen las malas lenguas- que a las amigas del propietario también. Los parterres creando laberintos interminables,  el jardín naturalista, con exuberante y exótica vegetación, junto con sus desniveles, que te hacen sentir que te has alejado aún más de la ciudad. Árboles monumentales, entre ellos magnolios, laureles y ginkgos. Numerosos arbustos. Treinta y tres estatuas de mármol. Surtidores y estanques, uno de ellos con forma de nenúfar y veinte centímetros de diámetro. Rosaleda, y galería de trepadoras, que en primavera son un espectáculo. Todo un estallido de vegetación y diseño.

Y ¿por qué se llama Jardín de Monforte?.  Por herencia: Don Joaquín de Monforte se casó con Doña Josefa Sancho Cortés, sobrina de la mujer del Marqués de San Juan, que a la muerte de sus tíos, heredó este pequeño gran tesoro.

Pero no tengamos envidia, porque ahora es de todos los que visiten Valencia. Lo podemos disfrutar a nuestro antojo, dentro de un horario, claro. Y es que, después de la riada de 1957, el Ayuntamiento de Valencia lo recuperó para la ciudad y en 1972, coincidiendo con la primera edición de Iberflora, se abrió por primera vez al público.

No puedo dejar de preguntarme qué historias de época esconderá ese jardín. Cuántos amantes habrán jugado, corriendo a través de esos laberínticos setos. Quiénes se habrán sentado en los bancos de los pequeños jardínes privados a compartir secretos.

El lugar invita a todo eso y más. Y es que,  cuando se pasea por los jardines de Monforte, el tiempo se detiene y los caminos nunca te llevan a la salida. Vuelves y vuelves al mismo sitio y nunca te cansas de empezar de nuevo. Pero no estás atrapado, simplemente estás escondido.











 













































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