Tirups Herb Garden | El Blog de La Tabla

07 octubre 2012

Tirups Herb Garden


Eran los años 60 cuando Eva Falck compró una granja en ruinas cerca de Malmö, Suecia,  y durante años  fue trayendo hierbas de diferentes lugares, creando un fabuloso jardín-vivero que se hizo famoso a través de la mejor publicidad que existe: el 'boca a boca'. Hoy en día este vivero se ha convertido en uno de los jardines de hierbas más grandes de Europa, con más de 600 especies.








En  Tirups Örtagard Tirups Herb Garden )  hay muchas variedades de menta, tomillo, estragón, melisa, salvia, romero y ajedrea, pero, también tiene plantas algo más inusuales, curativas y venenosas a la vez. Son plantas como el Mandrake (Mandragora autumnalis), el falso eléboro verde (Veratrum viride) o la hierba carmín (Phytolaca americana), todas ellas con cierto poder curativo, pero altamente tóxicas si se ingieren.



















El jardín se divide en dos partes, la más antigua con perennes en diferentes formatos. La parte nueva, enmarcada por una pérgola de rosas fragantes, está delimitada por plantas que se dividen en términos de color.

En la cafetería te ofrecen productos caseros aromatizados con sus deliciosas hierbas y especias. Puedes sentarte dentro o en el jardín. Tiene biblioteca con numerosos libros y revistas de jardinería. Además, hay una tienda de delicatessen, donde ofrecen diferentes tipos de café, té, hierbas, especias y artículos artesanos. Para los más pequeños, una zona de recreo.










En fin, que si alguien conoce un lugar como este, algo más cercano, por favor, que nos lo haga saber. Estaría muy bien poder ir este domingo a comprar un maceta de hierbabuena, tomar un café con un bollo casero aromatizado, deleitarse con los aromas de las diferentes hierbas y disfrutar de esa paleta de colores que nos ofrecen las plantas.

Si hace frio nos sentamos dentro, si no fuera, en el jardín. Charlamos, leemos o nos ensimismamos. Al terminar, nos vamos con nuestra planta -os recuerdo que veníamos a eso- y , probablemente, también con algún  frasquito de mermelada, sal de hierbas, jalea o, quién sabe, una olla de barro. Si no compramos nada, no importa, porque seguro que habremos disfrutado de todo lo que huele o sabe a hierba y el paseo así merece la pena.































Fotos e información:

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