El origen de las flores frescas en el Metropolitan Museum of Art




Flores de cerezo, hortensias, girasoles y hojas de magnolia agrupadas alrededor de delicadas flores blancas y rosas. Son algunos ejemplos de las flores frescas que se renuevan cada semana en el Museo Metropolitano de Arte en Nueva York, y todo tiene un origen y un por qué.


Lila Acheson Wallace (1889-1984) fue una de las mayores benefactoras del Museo Metropolitano de Nueva York (The Met) y entre sus donaciones llama especialmente la atención la que se refiere al fondo permanente para flores frescas en el llamado Great Hall (Gran Salón) del museo.


Lila y su esposo DeWitt Wallace llegaron a ser uno de los matrimonios más influyentes a mediados del siglo XX.  Se casaron en 1922 y ese mismo año fundaron la revista Reader's Digest. Decidieron comenzar la revista ellos mismos.

En sus comienzos trabajaron en un sótano en Manhattan. En febrero de 1922 publicaron el primer número de Reader’s Digest, con una tirada inicial de 1.500 ejemplares. A finales del siglo XX la revista tenía la mayor circulación de cualquier publicación en el mundo.


La donación de Lila Acheson al MET

Un portavoz del Digest dijo en su día que las donaciones de la Sra. Wallace a lo largo de su vida habían alcanzado más de 60 millones de dólares… Sorprendente, sí, pero lo que no tiene precio, como se diría coloquialmente, es la peculiar donación que hizo en 1970 al Museo Metropolitano. Y digo que no tiene precio, no solo por lo romántica y original que es, sino porque es difícil calcular su valor, ya que no tiene fin, al menos a corto plazo, puesto que se trata de una donación a perpetuidad.


Que a Lila Wallace le gustaban las flores frescas era ya conocido. Tenía claro que añadían belleza a grandes salones y a pequeñas habitaciones. De hecho, en las oficinas de Reader’s Digest se suministraban diariamente flores que procedían de sus propios jardines o de algún vivero. Parece ser que a menudo ella misma realizaba los arreglos florales, puesto que era una jardinera apasionada y, además, era especialmente admiradora de Monet y sus jardines en Giverny.


El origen de las flores frescas en el Great Hall

Pero esta donación tiene un por qué y un origen. En 1969 se comenzó a restaurar el Great Hall del museo gracias a una donación de Lila Wallace. Durante la restauración ella acudía una vez a la semana para comprobar los progresos. Cuando terminaron las obras estableció un fondo permanente para flores frescas en la sala.  Quería que se realizaran grandes arreglos florales que sirvieran para dar la bienvenida a los visitantes del museo y, con ello, se aseguraba de que ese gran salón tuviera siempre “belleza viva”.

Remco van Vliet. Artista floral en Museo Metropolitano de Arte MET

Desde entonces, cada semana se renuevan los arreglos con flores frescas en cuatro grandes nichos tallados u hornacinas, así como en la mesa de recepción situada en el centro del Great Hall.

A principios de la década de los 70 el encargado de renovar semanalmente esas composiciones fue Chris Giftos, quien se ocupaba de los arreglos florales para eventos especiales en The Met. En la actualidad, el responsable es el artista floral del museo, Remco van Vliet, tercera generación de floristas holandeses, y que había trabajado con Giftos durante seis años, antes de sucederle.

Ya sabes, si viajas a Nueva York y decides hacer una visita (casi obligada) al Metropolitan Museum of Art, fíjate bien en esas flores frescas.





















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