Algunos balcones en Valencia | El Blog de La Tabla

23 julio 2012

Algunos balcones en Valencia


¡Publícalo! Ese fue el ruego que me hicieron las dos señoras desde su balcón, en la planta cuarta de una finca junto al barrio del Carmen de Valencia. Yo les dije, sí, lo haré, no se preocupen.

Y aquí estoy,  relatando los avatares de los vecinos que andan a la guerra,  acerca de si se puede o no poner macetas en los balcones. Yo estaba feliz, paseando y fotografiando los vergeles que tenían algunos vecinos en minúsculos balcones y terrazas.  Al enfocar hacia uno con numerosas plantas crasas, me sorprendieron las vecinas del piso de arriba gritando:  ¡no se puede!.  Yo respingué del susto y sorprendida pregunté ¿no se puede fotografiar? ( hasta para eso hay que pagar derechos, pensaba yo). Una de ellas, la que controlaba el cotarro, contéstó: “no, digo que no se puede tener plantas en el balcón”. Y a mí por dentro me hundió en la miseria, porque pensé, adiós post, no voy a hablar de algo que está prohibido...



Bien, pues como si de la escena de la película Volver, de Almodóvar, se tratara, empezamos a ‘hablar’, yo en la acera de la calle, ellas en el cuarto piso. Solté la cámara. Brazos en jarra y  la cabeza bien levantada, les iba preguntando -a gritos, claro, si no,  no me oían-  ¿Y cómo es eso, no sabía nada?. Y ellas, felices de oír el escopetazo de salida de una 'amistosa charla', comenzaron a señalar hacia los balcones,  relatándome las idas y venidas de las plantas en las terrazas de la calle.

Así, después de un rato de contarme todos sus avatares de comunidad de vecinos, terminó diciéndome  –gritándome, claro, si no, yo tampoco la oía-,  ¡publícalo! , con tono casi impositivo. Y es que, según parece,  a las pobres señoras les obligó el vecino del piso de abajo a quitar todas las plantas del balcón y, posteriormente,  él llenó el suyo de plantas crasas. Pues eso, dicho queda.

Y ahora,  las fotos que fui haciendo en dos calles de este barrio. No son balcones especialmente floridos, pero sí muestran un empeño por no desprenderse del todo de la naturaleza. Si no hay presupuesto para comprar plantas nuevas, uno se aferra a cuidar las que tiene, luchando contra la polución y otras dificultades, como una maceta obsoleta y un aparato radicular medio atrofiado, probablemente; pero las siguen cuidando y están vivas y, creo, eso es digno de admirar. Otros casos son, desde mi punto de vista,  excesivos y probablemente, no estén permitidos. He intentado averiguar las normativas urbanísticas en esta materia, pero es un tanto conflictiva. Si alguien puede aportar algún dato esclarecedor, será de gran ayuda.

Nos tomamos una cañita y empieza el paseo.






El balcón de la discordia














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