Los jacarandás en flor. Una postal inequívoca de la primavera porteña



Un árbol originario del noroeste de Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay. Especialmente conocido en la ciudad de Buenos Aires, que cuenta con 14.301 jacarandás convertidos en símbolo de la primavera porteña. Estos árboles fueron incorporados al paisaje urbano por Carlos Thays, creador de varios de los parques más emblemáticos de la ciudad; los corredores urbanos verdes, o túneles verdes, como él los denominaba.


Estamos acostumbrados a verlos en otros muchos países. En España, son numerosas las ciudades donde estos árboles son apreciados para jardinería urbana, a pesar de que hay quien considera que las flores de jacarandas que cubren el suelo resultan algo peligrosas cuando llueve. También los vemos en muchos jardines privados y su floración no deja indiferente a nadie. Hasta sus frutos son vistosos para componer cestas junto a otros frutos y flores secas.

Pero si hay una ciudad donde los jacarandás son realmente apreciados es en Buenos Aires.  Los barrios en los que hay más ejemplares son Palermo, Recoleta y Belgrano, y pueden verse en cantidad a lo largo de las avenidas Del Libertador, Cabildo y Figueroa Alcorta. No es una especie autóctona de esa zona del país (sí lo es del norte del Argentina), pero los introdujeron con interés paisajístico, para lo que seleccionaron individuos resistentes al frío, que era el principal hándicap con el que se iban a enfrentar en esa región.

Eso fue hace más de 100 años, cuando el gran paisajista francés Carlos Thays – que diseñó, entre muchas otras obras, el Parque Lezama, las Barrancas de Belgrano y el Jardín Botánico – pensó que era necesario darle a la Ciudad una impronta europea que aún hoy conserva en muchos de sus paseos.

Lilas y celestes intensos. Los diferentes tonos de las flores del jacarandá (con acento en la á) ya tapizan las veredas, plazas y parques de la ciudad de Buenos Aires. Un espectáculo floral al que nos tienen acostumbrados cada año. Una floración efímera, sí, pero intensa. Basta con detenerse unos minutos debajo de alguno de estos árboles para quedar coronado por las campanillas a medio abrir, que caen suaves e impregnan el ambiente con su aroma dulzón.

El jacarandá es un árbol frondoso que puede llegar a los 20 metros de altura en edad adulta. Sus ramas son onduladas, abiertas, ascendentes.  Su denominación científica es Jacaranda mimosifolia y pertenece a la familia Bignonaceae. Su nombre vulgar es jacarandátarco. En guaraní, jacarandá significa madera dura y el término mimosifolia se refiere al parecido de sus hojas con los helechos.  Ojo, se dice jacarandá, con acento en la a. Bueno, se puede decir como se desee, pero los argentinos te regañarán, y mucho, si no le pones el acento en la última letra. Para ponérnoslo aún más complicado, unos dirán que en plural se dice jacarandás y otros que es más correcto decir jacarandaes.


Un dilema que podremos salvar si sabemos que nos referimos a un árbol cuya copa redonda e irregular mide de 5 a 6 metros de diámetro. Que el tronco es levemente inclinado, de palo alto, desnudo, recto y tubular. Que su corteza es parecida al corcho, quebrantada, con canales o hendiduras de escasa profundidad. Pero, sobre todo, que florece dos veces al año: primavera y otoño. Que su floración es hermafrodita, de 4 a 5 cm de largo, tubulosa, ligeramente curva, de cáliz pequeño y limbo heterogéneo, color azul violáceo y crece orientada en vastas espigas terminales, erguidas, de 25 a 30 cm.


Para tener más detalles, es interesante saber que los frutos de la jacaranda tienen forma de cartuchos. Son vainas leñosas parecidas a castañas de madera, con un diámetro de 6 a 8 cm, borde ondulado, comprimidas lateralmente, con dos tapas de color verde que pasan a castaño y se abren al madurar. Poseen de 50 a 80 semillas aladas que permanecen hasta el invierno en la planta.

Es primavera en el hemisferio sur, y en Buenos Aires presumen de flores desde hace días. En el vídeo que comparto a continuación, Marcelo Jaramillo, Director General de la Fundación Vida Silvestre, nos habla de algunas curiosidades sobre Buenos y Aires y los jacarandás en flor, una postal inequívoca de la primavera porteña.





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