Bulbine frutescens es una herbácea perenne de hojas suculentas persistentes que se usa a menudo cuando se requiere una cubierta vegetal florífera resistente a la sequía. Es, además, una planta fácil de cultivar, que apenas requiere cuidados, cuyas flores, que se renuevan desde marzo hasta noviembre, son atractivas para abejas y mariposas . Una joya de planta de clima mediterráneo que no debes dejar escapar.

El género Bulbine lo integran 85 especies aceptadas de la familia Asphodelaceae, de las cuales, la especie que se utiliza en jardinería es Bulbine frutescens, originaria de Sudáfrica, donde crece en prados secos y ricos en plantas suculentas de la Provincia del Cabo.

Se trata de una planta herbácea con hojas perennes persistentes, largas, cilíndricas y suculentas. Las bases leñosas de los tallos se arraigan fácilmente dondequiera que toquen el suelo, llegando a formar una cubierta vegetal robusta.


Produce originales inflorescencias racemosas terminales, formadas por flores amarillas, o amarillas y anaranjadas en algunas variedades, con un saliente de estambres que se abren progresivamente hasta los delicados tallos de flores arqueados, comenzando desde la parte inferior. El néctar de esas flores es un manjar para las mariposas y el polen un festín para las abejas melíferas.


En el jardín
Bulbine frutescens es una planta muy fácil de cultivar, carente de plagas y enfermedades, que apenas requiere cuidados.

El cultivar más utilizado en jardinería en Bulbine frutescens ‘Hallmark’, con flores amarillas y anaranjadas, una planta de 30 cm de altura, que alcanza 50-60 cm cuando está en flor, y se extiende hasta 60 cm o más. En invierno resiste temperaturas bajas hasta -4º a -6º C. Si se dan temperaturas inferiores puede perder las hojas o, incluso, si llegan a ser muy extremas puede morir la planta entera.

Por otro lado, es interesante saber que se trata de una especie que puede tolerar entre 5 y 6 meses de sequía, lo que la convierten en una excelente elección para cultivar en jardines de secano y rocallas, ya que, una vez establecida, sus requerimientos hídricos serán escasos o, incluso, nulos, salvo que las estemos cultivando en macetas o contenedores. Es muy adecuada también para plantar en la parte delantera de fronteras y caminos.


Conviene plantarla a pleno sol, tolera bien las condiciones alcalinas, no tiene tendencia limitante al pH y prefiere suelos pobres y con buen drenaje.

Florece repetidamente desde marzo hasta noviembre, aunque suelen hacerlo durante todo el año si la planta se cultiva en jardines situados en regiones con inviernos suaves. 

Si queremos disfrutar de sus flores casi todo el año en regiones con inviernos muy fríos, tenemos la opción de cultivar Bulbine frutescens en macetas o contenedores, que situaremos en una terraza o zona protegida, donde podremos disfrutar de una flor inusual y decorativa durante muchos meses. En este caso, como he comentado antes, conviene no olvidar que la planta requiere algún riego regular.

Los tallos de las flores se pueden retirar cuando ya están secos. No requiere poda, pero sí es interesante retirar las hojas secas o estropeadas para que la planta mantenga un aspecto saludable.


Las hojas suculentas de color verde pueden volverse marrones tras periodos prolongados de sequía, pero vuelven a tomar tonalidades verdes cuando se recuperan del estrés hídrico.


Tiene la capacidad de expandirse gracias a las raíces adventicias de las ramas. Ese hábito de agrupamiento convierte a Bulbine frutescens en una excelente cobertura del suelo y, además, debido a su prolongada floración, resulta muy interesante para crear masas de color en el jardín.

Se puede reproducir fácilmente por división de grupos en primavera. Cualquier pieza arrancada de un grupo con un poco de tallo se enraizará en poco tiempo.

Una planta útil

Además de su valor paisajístico, la planta se cultiva en algunas partes del mundo por sus propiedades medicinales. La savia dentro de las hojas forman un gel similar al de Aloe vera– se usa para tratar labios agrietados, picaduras de insectos, picaduras de abejas, quemaduras solares y otros trastornos de la piel. Además, se puede hacer un té con las hojas para tratar la tos, los resfriados y la artritis.

Yo la comencé a cultivar en una jardinera de barro a finales de la primavera pasada y ha sido una buena compañera en el jardín, donde ha regalado flores casi todo el año. Un día de estos tendré que dividir los grupos y aprovecharé para plantar alguno de ellos en el suelo. Una planta casi indestructible, ideal para regiones de clima mediterráneo, que no defrauda.


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