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Ebertpark, un soplo de aire fresco con plantación naturalista en un parque de Ludwigshafen, Alemania

Ebertaprk, Ludwigshafen, Alemania | Foto: Joachim Hegmann

El Ebertpark, en la ciudad alemana de Ludwigshafen, no se puede considerar como el típico parque urbano. En los últimos años, jardineros, paisajistas y amantes de los jardines acuden de todo el país para explorar ese parque en constante cambio; un espacio público en la que los árboles están acompañados de plantaciones de gramíneas ornamentales, cuyas siluetas crean estructura incluso en invierno y se asocian a plantas herbáceas perennes (vivaces) seleccionadas para garantizar que haya flor tanto en áreas soleadas como en otras más umbrías.


Ludwigshafen am Rhein (Puerto de Luis del Rin) es una ciudad de Renania-Palatinado, Alemania, y un importante puerto del río Rin. Con 171.000 habitantes (2018), es conocida principalmente como una ciudad industrial por ser el hogar del gigante químico BASF y otras empresas. Pero, afortunadamente, desde hace unos años Ludwigshafen también es célebre por los ajardinamientos realizados en el área de entrada del cementerio principal, en la oficina de espacios verdes adyacente y en el cercano Ebertpark; refugios verdes donde abundan innovadoras plantaciones de vivaces, cuyo principal responsable es Harald Sauer, jardinero jefe de esa ciudad.

Ebertpark

Ebertpark lleva el nombre del primer presidente del Reich de la República de Weimar, Friedrich Ebert, y se inauguró el 28 de mayo de 1925 con la Exposición Hortícola del Sur de Alemania (SÜGA). El parque fue creado en el área pantanosa de un antiguo brazo del Rin, con estanques cubiertos de juncos de hasta tres metros de profundidad, un área que fue drenada para crear empleo y posteriormente urbanizar y dar un impulso sostenible a la economía. Poco después de finalizar la SÜGA, los responsables de la ciudad supieron apreciar que el joven parque se había convertido en un valioso espacio urbano y, a partir de 1927, comenzaron los primeros planes de expansión, que se implementaron gradualmente en los años siguientes. Durante la Segunda Guerra Mundial, dos tercios del parque fueron destruidos; y en la década de 1960, parte del Ebertpark quedó sumida en un profundo letargo.

Foto: Joachim Hegmann

 

Hoy en día, el área de entrada conecta los espacios ajardinados del parque con el noroeste y el sureste. De las ocho hectáreas originales, el Ebertpark ha crecido hasta las 25 hectáreas donde a los espacios verdes se unen diferentes instalaciones de ocio. Parte del parque ya ha sido rehabilitado gracias a la iniciativa de la Asociación de Amigos de Ebertpark fundada en 2005, organización que le dio un nuevo impulso al rechazar los planes para la reconversión del parque en un espacio verde estándar con árboles y praderas de césped.

Harald Sauer y los espacios verdes: un soplo de aire fresco

En el parque se han restaurado edificios y esculturas –la figura de bronce del arquero de Ernst Moritz Geyger, ya erigida para la Süga en 1925, es la marca distintiva del Ebertpark–, renovado caminos y trazado nuevas plantaciones, convirtiendo ese parque en la meca de los amantes de los jardines en general y de las plantas vivaces en particular. Al frente de esa gran transformación se encuentra el jardinero jefe de la ciudad, Harald Sauer, que ha dado una nueva y sorprendente vida a la zona, diseñando áreas de plantación de estilo naturalista junto a elementos formales. 

Foto: Joachim Hegmann


En la planta baja, caminando a través de los pintorescos pabellones de la entrada, se llega a un gran mirador de diseño formal que presenta una simetría que hace pensar en un jardín barroco francés, a pesar de que el parque apenas tiene 100 años. Parterres bien cuidados marcados con conos de boj (Buxus sempervirens), fuentes en estanques en forma de estrella y, en su línea de división, el Turmrestaurant (restaurante de la torre). Rodeando ese mirador y en contraste con las formas arquitectónicas, los espacios verdes y las fronteras de herbáceas marcan la diferencia.

En el transcurso de su trabajo como paisajista y jardinero, Harald Sauer descubrió la belleza de una interacción cuidadosamente planificada de plantas vivaces, gramíneas ornamentales y árboles, y la variedad de opciones de diseño que se podían lograr. Profundizó sus conocimientos y, tras llevarlos a la práctica, ha llegado a crear su propio estilo de diseño en los espacios verdes urbanos de Ludwigshafen que ahora pueden disfrutar sus ciudadanos.

Foto: Joachim Hegmann
Foto: Joachim Hegmann


A pesar de los limitados recursos financieros y humanos, la ciudad de Ludwigshafen apoyó el trabajo de Harald Sauer y le ofreció la libertad creativa necesaria. En Ebertpark, él tuvo claro que querían alejarse del verde uniforme. En los caminos desde el restaurante de la torre hasta los grandes jardines, se esparcen por el césped varias plantaciones de herbáceas perennes (vivaces). El objetivo era ofrecer a los visitantes áreas ajardinadas permanentes y atractivas, más rentables que los anteriores macizos de flores que se alternaban anualmente.

El patrón de plantación está respaldado por arbustos solitarios más pequeños, como Bupleurum fruticosum e Indigofera tinctoria, así como gramíneas ornamentales solitarias. Las áreas restantes están plantadas en mosaicos más pequeños ricos en variedades de plantas vivaces y gramíneas ornamentales.

La gramíneas ornamentales marcan sus propios acentos, aportan movimiento y dan ligereza a las composiciones, con siluetas que crean estructuras incluso en invierno. Pennisetum, Eragrostis, Miscanthus y Calamagrostis, entre otros, son algunos de los géneros con especies seleccionadas por Harald Sauer. Las herbáceas perennes (vivaces) las selecciona para garantizar que haya flores tanto en las áreas soleadas como en las más umbrías, con géneros que incluyen especies y variedades de Allium, Phlomis, Euphorbia, Verbena, Salvia, Calimeris, Astrantia, Hylotelehium (sedums fronterizos), Eryngium, Echinacea y Cimicifuga entre otras. Dando más altura, Veronicastrum, Digitalis feruginea y Aconogonon x fennicum ‘Johanniswolke’ son sus elecciones.

Harald Sauer ha recibido el pasado mes de agosto el premio de La Fundación Karl Foerster por su labor como responsable de los espacios verdes ejemplares que se han desarrollado en los últimos diez años en la ciudad de Ludwigshafen, un premio que reconoce los logros especiales en el uso de plantas y su contribución a la mejora del paisaje urbano, natural y cultural. Un jardinero innovador y talentoso, al fin y al cabo, que ha dado un soplo de aire fresco a ese parque y sus zonas verdes.

Foto: Joachim Hegmann
Foto: Joachim Hegmann
Foto: Joachim Hegmann
Foto: Joachim Hegmann
Foto: Joachim Hegmann
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Foto: Joachim Hegmann
Foto: Joachim Hegmann
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