El jardín de los pazos gallegos

Pazo de Fefiñáns, Cambados, Pontevedra| Foto juantiagues en Flickr


Racionalidad y paisajismo. Elementos productivos, con plantas útiles (culinarias y medicinales) y elementos de recreo, que incluyen un buen número de especies de plantas ornamentales alóctonas, muchas de ellas hoy en día consideradas monumentales. El jardín en los pazos gallegos no ha sido ajeno a las tendencias en lo que a su diseño y funcionalidad se refiere, pero siempre guardarán detalles que les confieren un sello de identidad propio.


Ni el tamaño de la casa, ni la piedra, ni la finca hacen al pazo. Para alcanzar esa categoría de pequeños palacios rurales, las viviendas solariegas gallegas deben cumplir una serie de requisitos. “Capilla, hórreo, palomar y ciprés, pazo es” o “casa grande con capilla, palomar y ciprés, pazo es”.


Pazo de Rubianes, Vilagarcía de Arousa, Pontevedra | Foto © Pazo de Rubianes


Eso dice la tradición, pero, más allá de la sabiduría popular, parece que no resulta tan sencillo definir qué es exactamente un pazo “Galicia es tierra de pazos, pero no hay precisión técnica ni popular a la hora de delimitar el concepto de pazo. Así, el término sirve para nombrar rústicas casas blasonadas, lujosas mansiones residenciales campestres modernas y palacetes urbanos”. Eso es lo que he podido saber gracias al libro El jardín de los Pazos Gallegos (1994) de Carlos Rodriguez Dacal y Jesus Izco, un texto que me ha servido para poder resumir algunos de los conceptos más destacados el modelo de jardín que se fue configurando en los pazos gallegos y que los autores subtitulan como espacio de recreo y fuente de recursos.

Lo que sí es seguro es que el pazo gallego constituye una estructura rural que siempre ha estado estrechamente vinculada a la tierra. Esa es su primera condición, a la que se suman, después, parámetros arquitectónicos y funcionales.


Pazo Baión, Vilanova de Arousa, Pontevedra | Foto juantiagues en Flickr

Pazo Baión, Vilanova de Arousa, Pontevedra | Foto Juantiagues en Flickr


Los proyectos edificativos de las mansiones residenciales palaciegas de los siglos XVI-XVIII fueron desarrollados bajo una clara influencia barroca, estilo gallego por antonomasia, aunque el patrón sea de estética más discreta. Esos edificios responden fundamentalmente a tres modelos, teniendo en cuenta el número de cuerpos componentes: el pazo de una sola ala; en escuadra o en L, con torres en los extremos o en la intersección de ambas; y el pazo de tres alas o en U, una central y dos laterales.


Espacio de recreo y productivo


El proceso de desarrollo y los objetivos que persiguen los jardines de los pazos gallegos tienen un paralelismo notable con el de los jardines botánicos, en el sentido de que, como éstos, nacen como huertos al servido de reyes y nobles para el suministro de frutos exóticos, hierbas medicinales y para recreo.

La propiedad, además del palacio y construcciones anejas, abarca un espacio geográfico en el que se encuentran representados distintos elementos, tanto de ornato como productores. En base a criterios exclusivamente botánicos, la propiedad queda configurada en tres dominios o sectores: jardín, finca y arboleda. Cada dominio está caracterizado por un conjunto florístico propio, aunque es frecuente encontrar especies ocupando dominios diversos.


El jardín

El jardín se ubica en el entorno inmediato al edificio palaciego y tiene una orientación adecuada con el fin de recibir suficientes horas de sol. El jardín comienza siendo un huerto, al que se le van incorporando una serie de elementos geométricos que ordenan las plantaciones, para transformarse en un jardín hortícola.

El huerto-jardín funcionaba como un espacio polivalente hasta el siglo XIX, reuniendo toda clase de cultivos, con un claro dominio del componente agrícola en sus tres facetas típicas: huerta, vergel y viñedo.


 Pazo de Rubianes | Foto © Pazo de Rubianes


A partir del siglo XIX llega la consolidación y esplendor del arte de la jardinería a los pazos gallegos. Aunque es tiempo de expansión de los jardines de estilo paisajista, todavía permanecen los trazados geométricos, de ahí que existan representaciones de los dos estilos principales –paisajismo y racionalidad– y la mezcla de ambos.


La finca

La finca está más alejada del edificio que el jardín y se sitúa entre éste y la arboleda. Alberga el sector productivo agrícola y puede ser estructurada a su vez en diferentes áreas.

La huerta, de pequeña extensión, está dedicada a cultivos de verduras y hortalizas. A lo largo del tiempo, la superficie de las huertas fue mermando a beneficio de las zonas ajardinadas y de la explotación agraria.


Viñedos en el Pazo de Rubianes | Foto © Pazo de Rubianes 

Paseo de los olivos en Pazo Santa Cruz de Rivadulla | Foto © Pazo de Santa Cruz de Rivadulla


El campo agrícola está orientado principalmente hacia el cultivo de frutales, viñedo, cereales y patata. El viñedo, bajo sus distintas modalidades de uva en función del lugar (albariño, condado, rosal, roureiro, ribeiro, etc.) está presente en la mayoría de los pazos aunque, como explotación extensiva, solo se encuentra en determinadas zonas de las provincias de Ourense y Pontevedra, como es el caso del Parque Botánico del Pazo de Rubianes en Vilagarcia de Arousa, Pontevedra.

En el siglo XVI, en el Pazo de Santa Cruz de Rivadulla se formaron avenidas y paseos para separar las distintas parcelas de cultivo y facilitar los accesos a las mismas. El conjunto de más de 500 olivos monumentales que forman ese trazado con influencias renacentistas se utilizó en su día para producir aceites.


La arboleda

La arboleda es el dominio más alejado del edificio principal del pazo y ha sido utilizada siempre como recurso y fuente de ingresos.

Varios siglos de incendios y talas incontroladas han diezmado el espacio destinado a las arboledas, dando como resultado que la composición del bosque autóctono se haya ido sustituyendo por repoblaciones de especies foráneas de crecimiento rápido.



La flora de los pazos


Las condiciones ambientales de Galicia son favorables al desarrollo vegetal. Clima suave, suelos ácidos y habitualmente ligeros son condiciones que facilitan el desarrollo de las plantas. Eso significa que existe un gran potencial para el cultivo ornamental que los pazos gallegos han sabido aprovechar.

El estudio de la flora de los pazos hasta el siglo XVIII revela que la práctica totalidad de las plantas eran de naturaleza utilitaria, respondiendo a la tendencia de la época, de dar más importancia a la utilidad medicinal y culinaria de las plantas que a su ornato.


Pazo Torres Agrelo, Redondela, Pontevedra | Foto © juantiagues en Flickr

Pazo do Tambre, Serra De Outes, A Coruña | Foto © Pazo do Tambre

Pazo de Rubianes | Foto © Pazo de Rubianes


En el siglo XIX, el despertar del sentimiento hacia el paisaje vegetal alcanza pleno apogeo. Las nuevas corrientes llegan hasta los pazos y el elemento estético y poético que ofrece la jardinería y la flora ornamental cobra un gran valor.

La llegada de las plantas exóticas ya se venía produciendo desde el siglo XVIII, siempre obedeciendo al capricho de algunos propietarios, era la época de los llamados cazadores de plantas.  Pero a partir del siglo XIX, con la eclosión de la jardinería, las plantas alóctonas entran de forma masiva en los jardines, y los pazos gallegos no fueron ajenos a esa moda. Los señores contrataban servicios de jardineros para construir jardines y buscar plantas con las que engalanar el recinto palaciego.


Pazo Quinteiro da Cruz, Ribadumia, Pontevedra | Foto © juantiagues en Flickr

Pazo de Rubianes | Foto © Pazo de Rubianes

Pazo de Rubianes | Foto © Pazo de Rubianes


Los datos florísticos aportados por Rodriguez Dacal (1990) en un estudio sobre la flora de los Pazos Gallegos revelan que éstos albergan un rico patrimonio vegetal ornamental, con 483 especies pertenecientes a 271 géneros que pueblan los 75 pazos atlánticos del área de estudio.

Entre las familias que mayor número de géneros tiene se encuentran las leguminosas y las rosáceas, con 16 en cada caso. Le siguen las mirtáceas, palmas, oleáceas y cupresáceas, entre otras familias.

Los géneros que mayor número de especies tienen son Rhododendron, con 10; y Spiraea y Pinus, con 8. Le siguen Quercus, Cotoneaster, Citrus, Camelia y Acacia, entre otras especies.

En lo que se refiere a la cantidad de plantas de cada especie, parece que existe una buena representación de azaleas, bambúes, bojes, camelias, boneteros, fucsias, hortensias, plátanos y rosas de jardín.


Cítricos, palmeras y parras en Pazo Baión | Foto © juantiagues en Flickr


Es importante destacar la presencia de ejemplares monumentales de un elevado número de especies botánicas, es decir, individuos que igualan e incluso superan, en crecimiento y dimensiones, las cifras que alcanzan en su país de origen. Una Camellia japonica de 8 x 4,5 m en el Pazo de Soutomaior (Soutomaior), Camellia reticulata de 12,5 x 1,5 m en el Pazo de Oca (A Estrada); Cinnamomum camphora de 18 x 2,8 m en el Pazo de Rubianes (Pontevedra); Liriodendron tulipifera de 37 x 5,5 m en Castrelos (Vigo) y Sequoiadendron giganteum de 30 x 9,75 m en O Casal (Bergondo) son algunos de los ejemplos.


Pazo Quinteiro da Cruz | Foto © juantiagues en Flickr





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