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Bonnard en su jardín salvaje y la exaltación del color

Ciel d’été 1915 (Vernonnet) •• Pierre Bonnard •• Collección privada

Del mismo modo que sucedió con Monet, Bonnard se dejó influenciar por los nuevos aires en la jardinería de aquella época en la que, de la mano de William Robinson y Gertrude Jekyll, los jardines formales perdían fuerza, a favor de un aire más libre. Incluso, llegó a llamar a su jardín en Vernonnet, en el norte de Francia, “mon jardin sauvage”(mi jardín salvaje).
Bonnard es uno de los seis pintores jardineros incluidos en la muestra Painting the Modern Garden. Monet to Matisse, organizada en 2016 por la Real Academia de las Bellas Artes de Londres. En su día comenté esa exposición y también hablé en otras ocasiones de la obra de cinco de los pintores-jardineros que la integraban. Pero faltaba uno, el pintor francés Pierre Bonnard, considerado uno de los mejores coloristas de principios del siglo XX, junto con Henri Matisse. 

Bonnard prefirió trabajar de memoria, capturando imaginativamente el espíritu de un momento y expresándolo a través de su manejo único del color y el sentido innovador de la composición.

The Terrace at Vernonnet, 1939 •• Pierre Bonnard •• The Metropolitan Museum of Art (MET)
Pierre Bonnard (Fontenay-aux-Roses, 1867 – Le Cannet, 1947) resulta difícilmente encasillable en una corriente artística, por la variedad de influencias que tuvo a lo largo de su trayectoria, así como por su firme postura de no verse etiquetado en las vanguardias del siglo XX.
En el período en el que se formó Bonnard, las dos tendencias dominantes eran el Neoimpresionismo, con sus teorías científicas sobre la división del tono, y el Simbolismo, con sus aspiraciones espiritualistas.
Artista profundamente enamorado de la pintura, la fotografía y el color, enemigo de las teorías artísticas dominantes, en 1888 fundó, junto a Paul Ranson, Maurice Denis y Paul Sérusier, una tercera corriente que descendía de Gaugin y que tomó el nombre Nabis (profetas, en hebreo). El grupo lo formaban pintores que no solo pretendía hacer una síntesis de las corrientes más avanzadas, sino establecer una colaboración entre artistas y literatos.

Toilet With A Bouquet Red And Yellow, 1913 •• Pierre Bonnard 
Los nabis se inspiran en las teorías de Maurice Denis y la pintura impresionista-simbolista de Paul Gauguin y se oponen al impresionismo, especialmente en el uso de colores puros. Pintores como Bonnard, Vuillard y Serusier formaron parte de este grupo que postula que un cuadro no es más que una “superficie cubierta por colores dispuestos en un orden determinado”, tal y como declaraba Maurice Denis, suprimiendo con ello la distinción entre pintura de representación y pintura decorativa, porque el valor ya no estaba en la realidad representada sino en el propio cuadro como objeto fabricado, que vale por lo que es y no por aquello a lo que se parece. Precisamente esta es la premisa de la que partieron posteriormente los fauves y los cubistas.
Claro de sol, 1923 •• Pierre Bonnard •• Museo Thyssen-Bornemisza
Pronto abandona esta corriente y, si en la primera época de su carrera era esencialmente un pintor parisiense, a partir de 1900 se fue retirando cada vez más de la capital. A partir de 1912 se sumerge en los paisajes de Normandía y de la Costa Azul, lugares idílicos que Bonnard convierte, junto a Marthe, compañera y modelo de la mayoría de sus obras, en su Arcadia particular.
Aunque su asimilación de las lecciones de Gauguin y su énfasis en la composición decorativa le distinguía de los impresionistas, con el tiempo Bonnard regresaría a ellos; en cierto sentido fue el último gran heredero del Impresionismo hasta bien entrado el siglo XX. En un momento en el que la pintura sufría una revolución radical a través del color, Bonnard supo desarrollar un estilo propio, vivaz y original.  

El camino encajonado, hacia 1922 •• Pierre Bonnard •• Museo Thyssen-Bornemisza
Es conocido que Pablo Picasso detestaba la pintura de Bonnard y se refería a su paleta de colores como «un popurrí de indecisión» en alusión a las correcciones y cambios en el color que hacía el pintor «Nunca va más allá de su sensibilidad. No sabe elegir. Cuando pinta un cielo, por ejemplo, lo pinta primero azul, más o menos tal como es. Después lo mira un poco más de cerca y ve un poco de malva; entonces añade una pincelada o dos de malva, sin comprometerse. Y luego se dice a sí mismo que también hay un poco de rosa. Entonces, no hay ninguna razón para que no añada también rosa. El resultado es un «popurrí» de indecisión. Si está mucho rato mirando, acaba por añadir amarillo, en lugar de decidir de qué tono debería ser realmente el cielo. No se puede trabajar así. La pintura no es una cuestión de sensibilidad. Hay que usurpar el poder, ocupar el lugar de la naturaleza y no depender de las informaciones que te da».
Sobre esta cuestión, el director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza, Guillermo Solana, comenta que “la indecisión que Picasso censuraba en Bonnard no era sino una forma extrema de fidelidad a la sensación, con toda su gama de matices delicados y cambiantes”. Yo, personalmente, me quedo con ese punto de vista.


Bonnard y Ma Roulotte, su jardín en Vernon
Buena parte de sus cuadros fueron pintados en Ma Roulotte, la casa que que Bonnard adquirió en 1912 en Normandía, ubicada en Vernonnet, un municipio de Vernon a orillas del Sena. La constante dedicación de Bonnard al paisaje se acentuó en la década de 1920. Vivió allí regularmente hasta que, en 1938, se mudó permanentemente a Le Cannet, próximo a Cannes, en la Costa Azul. No obstante, mientras residía en Le Cannet, siguió visitando cada año Normandía, cuya luz amaba especialmente.

Las pinturas que Bonnard realizó en Ma Roulotte muestran «su jardín salvaje», incluso desde la ventana, pero también el paisaje a través del Valle del Sena, un paisaje que puede apreciarse ampliamente desde la terraza, que también pintó.
Sieste au jardin, 1914 •• Pierre Bonnard •• The National Museum of Art, Architecture and Design, Oslo
La fenêtre ouverte, 1920
 Le Balcon à Vernonnet ou Le Pommier fleuri, 1920
The Terrace, 1918 •• Pierre Bonnard •• The Phillips Collection

Para abordar la relación de Bonnard con la jardinería es imprescindible situarnos en ese periodo en el que surgía un nuevo tipo de estética de jardín. Monet, en particular, fue influenciado por los principales diseñadores de jardines ingleses de la época, como William Robinson y Gertrude Jekyll. En The Wild Garden, Robinson abogó por un descanso de los jardines formales del pasado. Precisamente Bonnard adoptó un enfoque similar, permitiendo que su jardín en Vernonnet, en el norte de Francia, funcionara de forma salvaje y libre. Incluso lo llamaba su mon jardin sauvage («mi jardín salvaje»).
En el cuadro titulado Ciel d’été (la imagen de la portada) se puede apreciar el contraste entre la arquitectura ordenada de la casa, con sus numerosos acentos rectilíneos (las contraventanas, los listones del balcón) y la profusión de plantas y flores crecidas en exceso en el jardín de Ma Roulotte. A diferencia de Monet, que era famoso por los terrenos meticulosamente cultivados de su casa en Giverny, Bonnard prefería que sus jardines se volvieran salvajes, disfrutando de la naturaleza espléndida e indisciplinada. La íntima amiga de Bonnard, Thadée Natanson, recordó sobre Ma Roulotte: «La casa se encontraba en un agradable equilibrio y estaba ubicada en el centro del jardín, donde a Bonnard le gustaba mucho escarbar y aún más cavar, regar y hacer todo tipo de jardinería, excepto limitar el crecimiento de las plantas y flores” (citado en Pierre Bonnard, Observing Nature, catálogo de la exposición en la National Gallery of Australia, Canberra, 2003, p. 54).
La terrasse de Vernon, 1928 •• Pierre Bonnard 
Mientras que la obra de Monet dejaba patente que entendía las formas de las plantas, lo que no era sorprendente, ya que era un gran horticultor, Bonnard se sintió más atraído por un sentido de lugar en los jardines. Ambos fueron amigos y se visitaban el uno al otro con frecuencia, puesto que Ma Roulotte estaba a poca distancia en coche de la casa de Monet en Giverny, donde se había instalado casi treinta años antes.
El jardín de Bonnard en la actualidad presenta un estado similar, con algunos cambios, al que presentaba cuando él vivía allí. No estaba interesado en las plantas al modo de Monet, es cierto, pero su jardín se convierte en una amplia continuación del paisaje circundante, en donde él expresa la noción que tiene del hombre en armonía con la naturaleza. Una especie de concepto moderno de Arcadia. 
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