Proteáceas: las flores del fynbos utilizadas en algunos arreglos florales

 


Apreciadas por su longevidad, belleza y diversidad, con una variación increíble en la morfología de la flor, la forma del follaje y el hábito de crecimiento, la mayor parte de las proteáceas que se cultivan para flor cortada provienen de Sudáfrica, donde crecen silvestres en el fynbos, el bioma dominante del reino florístico del Cabo.


El Cabo Occidental de Sudáfrica es más diverso desde el punto de vista botánico que la selva tropical más rica de América del Sur, incluido el Amazonas. En sus montañas se encuentra el reino florístico del Cabo, una de las áreas más ricas del mundo en biodiversidad vegetal.

Al hablar del reino florístico del Cabo se hace referencia a uno los 6 reinos florales en que se divide la superficie terrestre (Holártico, Paleotropical, Neotropical, Antártico, Australiano y Capense). Es el más pequeño de todos ellos, pero, curiosamente, el más diverso. Con una superficie de unos 90.000 km2, contiene el 3% de las especies de plantas del mundo y el 20% de las de África.

El fynbos
Desde el punto de vista de su ecología, el reino florístico del Cabo está dividido en varios biomas específicos, aunque el bioma dominante es el fynbos. El término fynbos proviene del holandés para referirse a plantas de hoja fina, aludiendo a las hojas delgadas y estrechas que se ven en muchas plantas de fynbos, un mecanismo de adaptación que les permite reducir la pérdida de agua.

El bioma fynbos, un tipo de matorral mediterráneo, constituye aproximadamente el 80% del reino floral del Cabo. Es decir, con una extensión similar a Andalucía, alberga más especies vegetales que toda España y cuatro veces más que todas las Islas Británicas. Además, de las más de 8.500 especies de fynbos, casi 6.000 son endémicas. La mala noticia es que 1.700 especies están amenazadas de extinción.

Fynbos en la región del Cabo en Sudáfrica | Foto © Tim Bouwer 

Como sucede con las numerosas especies pirófilas que hay en otras regiones de clima mediterráneo–con veranos largos, cálidos y secos, y un invierno fresco y húmedo, pero relativamente corto– los incendios periódicos son necesarios, pero en el fynbos son incluso más importantes.


Muchas especies han tenido que acostumbrarse a los incendios, un factor presente en las montañas secas, soleadas y ventosas del Cabo. La forma en que esas especies se adaptaron a los incendios fue haciéndose rebrotadoras (vuelven a crecer a partir de un tronco protegido o un tocón resistente) o re-sembradoras (algunas plantas necesitan el calor para que germinen sus semillas).


Ahora, el fuego es un proceso clave que determina la composición florística y estructura del fynbos, una etapa necesaria en la vida de casi todas las plantas de ese bioma. De no ocurrir, el matorral se iría cerrando poco a poco hasta perder gran parte de su diversidad, ya que un número muy alto de plantas son incapaces de florecer o germinar si no ha ocurrido un incendio recientemente. De hecho, muchas de las proteas retienen las semillas al menos un año a la espera de este suceso, un hábito que da forma a curiosas cabezas florales, en algunos casos tan perdurables y bellas que se utilizan para hacer arreglos florales.

Leucospermum en el fynbos |  Foto © Mary Doggett

La primavera es la época del año en la que florecen la mayoría de las plantas del fynbos. De toda esa diversidad vegetal, hay tres familias de plantas que dan al fynbos su carácter distintivo: Proteaceae una familia especialmente diversificada en el Cabo, con destacados y populares géneros como Protea, Leucospermum, Leucadendron; Ericaceae (brezos del género Erica); y Restionaceae (restios).


Existen otras familias bien conocidas, como las de las margaritas, orquídeas, iris o cítricos, que están bien representadas. Además, los geófitos, plantas que pasan gran parte del año bajo tierra como bulbos, también son una parte importante del fynbos y gracias a esas plantas se dan exhibiciones florales de colores espectaculares en primavera y verano, o después de un incendio.

Las plantas del fynbos: Proteáceas (Proteaceae)
La familia de las proteáceas reúne las plantas leñosas más grandes, con varios géneros que pueden crecer hasta convertirse en arbustos esclerófilos de gran porte, proporcionando estructura al matorral, ante la escasa presencia, o casi ausencia, de árboles en el fynbos.


Dentro de la familia Proteaceae, el género Protea es uno de los más conocidos y carismáticos del Fynbos. De hecho, Protea cynaroides es la flor nacional de Sudáfrica.


También se encuentran bien representados en la flora del Cabo algunos géneros de la familia Proteaceae, como Leucospermum, Leucadendron, Serruria, Mimetes, entre otros.

• Protea

El género Protea tiene alrededor de 112 especies, 89 de las cuales están restringidas al sur de África y la mayoría de las cuales solo ocurren dentro de la región florística del Cabo.

Las proteas existen desde hace 270 millones de años. Han evolucionado junto a los dinosaurios y sobrevivido a ellos, extendiéndose por Gondwana –el nombre que se le da a un antiguo bloque continental meridional– antes de que la masa continental se dividiera. Hoy en día se pueden encontrar especies del género Protea en lugares tan diversos como América del Sur, Madagascar y el sudeste asiático. Sin embargo, son las proteas africanas las que destacan por su forma característica y extravagantes flores.



• Leucospermum

A menudo conocidos como "alfileteros", Leucospermum es un género de arbustos con 48 especies, de las cuales todas menos tres son nativas de Sudáfrica. El tiempo de floración es generalmente desde el invierno hasta principios del verano. A diferencia de las flores del género Protea, que dependen de sus llamativas brácteas para su atractivo visual, los leucospermum lucen una gran variedad de colores en sus características inflorescencia con estilos muy largos, tipo araña. Estas fantásticas flores sobre tallos resistentes crean puntos focales coloridos no solo en el campo, sino también cuando se muestran en diseños florales.



• Leucadendron

Un género de arbustos con unas 80 especies y numerosas subespecies y cultivares, que destacan, más que por sus flores, por la variedad y colorido de su follaje. Sus inflorescencias recuerdan a los conos de muchas gimnoespermas (árboles y arbustos como el pino, enebro, cedro, abeto, araucaria y ciprés).



Las flores del fynbos
Inicialmente, las flores se recolectaban principalmente en la naturaleza, pero la gestión de biodiversidad en la región ha impuesto limitaciones y sólo se permite recolectar flores y conos de proteáceas en años alternos y siempre que supongan menos del 50% de la producción. Además, se prohíbe cualquier recolección el año previo a un incendio programado, de modo que se asegure la disponibilidad de semillas para la regeneración de las poblaciones.

En las últimas décadas han ido surgiendo muchas plantaciones para el cultivo comercial de proteáceas para flor cortada, muy apreciadas por su longevidad, belleza y diversidad, con una variación increíble en el tamaño de la flor, la forma del follaje y el hábito de crecimiento. Obviamente, no todas las especies son comercialmente viables. En el mercado, las especies sudafricanas de proteáceas consisten en Protea, Leucadendron y Leucospermum en su mayor parte.


La mayor parte de las proteáceas que se venden en Europa provienen de una cooperativa de 80 productores, con 22 hectáreas dedicadas exclusivamente a la producción y comercialización de flor cortada del género proteácea en la isla de La Palma, una de las más occidentales de las siete Islas Canarias.


En los Estados Unidos se comenzó su cultivo en el condado norte de San Diego, así como en algunos ranchos en el área de Santa Bárbara, hace unos cuarenta años.

Entre las características más importantes que ofrecen estas flores se encuentran la disponibilidad en otoño invierno, una época del año en que escasean otras flores. Pero, sin duda, uno de sus grandes valores, además de la belleza y estructura que aportan a los arreglos florales, es la larga duración de la flor una vez cortada.

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