Fresias, cultivar flores fragantes en el jardín

Flores de fresia (Freesia)

 

Al hablar de fresias solemos pensar en una de las flores fragantes más populares del mundo, que se vende como flor de corte en floristerías. Pero no hay que olvidar que también podemos cultivar nuestras propias fresias en el jardín, patio o terraza.

Género Freesia
Freesia es un género de la familia Iridaceae de aproximadamente 14 especies de plantas herbáceas perennes bulbosas, de pequeño a mediano tamaño, con las partes aéreas caducas. La primera Freesia fue descrita alrededor de 1830 por el botánico y coleccionista de plantas danés Christian Friedrich Ecklon (Åbenrå 1795 – Ciudad del Cabo 1868), que le dio el nombre a esta flor en honor a su amigo y compañero, el doctor alemán Friedrich Freese.

Fresias en Quinta do Palheiro Ferreiro. Funchal. Madeira |  Foto © Mike Finn

Su área de distribución nativa se encuentra desde Kenia a Sudáfrica, principalmente en la región de lluvias invernales de Sudáfrica. Está ampliamente introducida en Francia, Italia, Grecia y España, donde se encuentra naturalizada Freesia alba, dispersa en el cuadrante nordeste de la península y Freesia refractata, dispersa en la península y Baleares.

Las fresias crecen a partir de un cormo cónico, desarrollan hojas planas parecidas a las de Crocosmia y, en su hábitat natural, florecen en invierno, produciendo una gran cantidad de delicadas flores fragantes de larga duración. Lo que llama más la atención de su inflorescencia en espiga es la manera en que crecen sus flores unilaterales, normalmente numerosas, situadas hacia el lado superior del eje, de tal forma que se presentan en forma de peines, con los botones formando una fila recta.

En una delimitación más antigua de este género, las especies eran en su mayoría de color crema o blancas con marcas amarillas, perfumadas con flores en forma de embudo.

En cuanto a su fragancia, hay hasta 50 compuestos aromáticos diferentes en su olor y la cantidad y el equilibrio entre ellos cambia de una variedad a otra. Por regla general, las fresias rojas, amarillas y blancas suelen dar un aroma más fuerte y las fresias de flor azul y rosa suelen tener una fragancia más sutil.

Formas híbridas de Freesia
El género Freesia tiene una larga historia de hibridación y cultivo en Europa. La hibridación de la fresia comenzó en 1878, con el cruce entre F. alba y F. leichtlinii, pero fue a principios del siglo XX cuando se introdujeron las formas rosadas y amarillas de F. corymbosa. También se han obtenido interesantes híbridos de F. laxa, una de las especies que tiene diferentes formas de color.

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Las fresias híbridas modernas, Freesia x kewensis , se derivan de cruces entre Freesia refracta y Freesia armstrongii, obteniéndose plantas con numerosas flores aromáticas, simples o dobles, en diferentes colores (blancas, amarillas, azules, rosas y naranjas). Son muy populares como flores cortadas y han hecho de este género uno de los más importantes de la familia de las iridáceas desde el punto de vista hortícola.

Fresias en el jardín
Las fresias cultivadas son híbridos más robustos y altos que sus antepasados, pero a menudo no tan fragantes.

Los bulbos híbridos se suelen tratar térmicamente para imitar las condiciones secas y cálidas de su entorno nativo, donde las fresias florecen naturalmente en invierno. Como resultado, se pueden cultivar como flor de verano en climas donde no se pueden cultivar de forma natural en invierno. Estos bulbos "preparados" permiten que las fresias florezcan entre 100-120 días después de la plantación en su primer año.

Foto © Longfield Gardens

La mejor época para plantar los bulbos (cormos) de fresia es entre abril y junio, en un lugar soleado y no muy húmedo del jardín. Se tienen que plantar con la punta hacia arriba a una profundidad de 5 centímetros, asegurándonos de que haya una distancia de 5-8 centímetros entre bulbos. Dependiendo de cuándo se planten, empezarán a florecer desde junio hasta septiembre.

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Si los cultivamos en maceta, podemos plantar 6 bulbos, igualmente con el extremo puntiagudo hacia arriba y a 5 cm de profundidad, en una maceta de 13 cm con sustrato que contenga materia orgánica y algún tipo de drenaje. Si usamos una maceta más grande, utilizaremos el número de bulbos equivalentes a esa separación.

En zonas con climas suaves y pocas heladas en invierno se pueden adquirir bulbos sin preparar. En este caso, se plantarán al aire libre en agosto o septiembre, para que florezcan en la primavera del año siguiente.

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Una vez que aparece el crecimiento tenemos que regar las fresias regularmente para mantener el sustrato húmedo, pero siempre evitando regar en exceso. Cuando se forman los primeros botones florales, si el terreno no es demasiado fértil conviene aplicar cada 10-14 días un fertilizante líquido con alto contenido en Potasio.

Para evitar que los tallos se caigan, es necesario utilizar soportes que mantengan de alguna forma las fresias erguidas, tanto si crecen en macetas o en el suelo.

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Hay que cortar los tallos florales después de que las flores se marchiten, permitiendo que la planta siga creciendo. Cuando las hojas se vuelven amarillas o después de la primera helada se cortan los tallos a unos 2,5 cm y se desentierran los bulbos, que se dejarán secar en un lugar protegido donde no haya peligro de que se congelen. 

Cuando los bulbos estén completamente secos, se retiran los restos que queden y se guardan, preferiblemente en arena o turba, en un lugar seco, oscuro y fresco (13º C) hasta que sea el momento de replantar.

Si las hemos plantado en el jardín para flor de corte, es interesante saber que las fresias con flores amarillas, azules y blancas tienen una vida más larga en el florero que las rojas y rosas.

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